isla_negra
casa de poesia y literatura. Director gabriel impaglione. mensajes: poesia@argentina.com


Inicio
Enviar artículo

Acerca de
Suscríbete al blog

Categorías
General [270] Sindicar categoría
agenda isla negra [648] Sindicar categoría
arte [51] Sindicar categoría
autores en isla negra [5] Sindicar categoría
bios [332] Sindicar categoría
cartas [29] Sindicar categoría
concursos literarios [269] Sindicar categoría
cuento [311] Sindicar categoría
encuentros [4] Sindicar categoría
entrevistas [85] Sindicar categoría
lecturas [722] Sindicar categoría
librocomentarios [28] Sindicar categoría
libros recibidos [25] Sindicar categoría
memorias [94] Sindicar categoría
musica [36] Sindicar categoría
palabra en el mundo [123] Sindicar categoría
periodico [904] Sindicar categoría
poesia [4063] Sindicar categoría
prologos [9] Sindicar categoría
radio en la isla [34] Sindicar categoría
revista isla negra [15] Sindicar categoría
tangos [46] Sindicar categoría
uniones [15] Sindicar categoría
web [630] Sindicar categoría

Archivos
Mayo 2008 [105]
Abril 2008 [206]
Marzo 2008 [198]
Febrero 2008 [199]
Enero 2008 [50]
Diciembre 2007 [181]
Noviembre 2007 [377]
Octubre 2007 [420]
Septiembre 2007 [357]
Agosto 2007 [305]
Julio 2007 [177]
Junio 2007 [347]
Mayo 2007 [330]
Abril 2007 [178]
Marzo 2007 [192]
Febrero 2007 [168]
Enero 2007 [49]
Diciembre 2006 [167]
Noviembre 2006 [168]
Octubre 2006 [320]
Septiembre 2006 [249]
Agosto 2006 [223]
Julio 2006 [192]
Junio 2006 [239]
Mayo 2006 [443]
Abril 2006 [821]
Marzo 2006 [706]
Febrero 2006 [187]
Enero 2006 [224]
Diciembre 2005 [191]
Noviembre 2005 [308]
Octubre 2005 [251]
Septiembre 2005 [215]

Sindicación (RSS)
Artículos
Comentarios

 


cuento


Aida Rolando, Argentina

MIS FANTASMAS

                                                                                                             (A Julio Cortazar

 

 

Yo vivía en un pueblo de la Provincia de Buenos Aires llamado Chivilcoy,

Estudiaba en la Escuela Normal que quedaba frente a la Plaza España. La más linda del pueblo. Tenía características netamente españolas. Todo estaba revestido con mayólicas: las columnas, las glorietas con jazmines que perfumaban las tardecitas templadas y los bancos debajo de los árboles o enredaderas que eran testigos secretos de muchos amores juveniles.

En el centro de la Plaza se encontraba una fuente con peces cuyos colores resaltaban contra el azul de las mayólicas.

Cuando salíamos de la Escuela dábamos una vuelta con nuestras amigas recorriendo sus caminitos embaldosados con cerámicas rojas. Este paisaje nos invitaba a las confidencias.

-          ¿Viste a Julián? ¡Qué bien que está! ¿Saben como me miró hoy en la clase de Historia?

-          ¿Quieren que les cuente una cosa? El sábado salgo con Carlos. Me invitó a pasear por la Plaza Principal.

-          Tené cuidado con ese que es un picaflor. A muchas las invitó a salir y después no pasó nada. Es bastante mujeriego.

Estas eran algunas de nuestras charlas. Otras veces les tocaba a los profesores:

-          La de Matemática me tiene harta, siempre con esos ejercicios de Álgebra, que no emboco jamás.

-          Señorita – me dice con su voz chillona, cuando me llama - ¿Qué da más por más? y ¿más por menos? ¡Que se yo! ¿Para que me van a servir? Si no voy a seguir estudiando y a los alumnos de la primaria no se lo voy a enseñar.

-          En cambio que dulce y comprensivo es el profesor de Dibujo, - decía otra -  lástima que se va a jubilar pronto. Me encanta. Con decirles que pienso seriamente en seguir Bellas Artes.

 

Al promediar quinto año, llegó un nuevo profesor de literatura a la escuela. Joven, tendría alrededor de veinticinco años. Con una incipiente entrada del lado izquierdo de su cabellera. Era lampiño, lo que le daba un aire de más joven aun.

Enseguida nos deslumbró a todas, no solo por lo lindo que era, sino por lo que decía y escribía.

Inmediatamente se vinculó con los personajes más importantes de la bohemia pueblerina, esto lo hizo más interesante aun y fue el tema de nuestras charlas cuando dábamos vueltas por la Plaza.

-          ¿Su nombre?, por lo menos a mi no me quedó grabado, ya que lo que escribía lo firmaba como Julio Denis. Este nombre sí nunca lo olvidé.

A la salida de la escuela lo veíamos pasear por la plaza, lento, ensimismado, siempre con un cigarrillo colgando de sus labios.

Algunas veces nos invitaba a acompañarlo en sus paseos o nos sentábamos alrededor de él contándoles de nuestros sueños y proyectos y preguntándole sobre sus aspiraciones.

Otras veces nos dábamos cuenta que deseaba estar solo. Se sentaba en un banco a leer o tomar apuntes.

Muchos años después reconocí a algunos personajes del pueblo en sus cuentos y comprendí que esos eran los apuntes que tomaba. Como ese individuo que pintaba todo de verde: su bicicleta, su casa, la bóveda que tenía en el cementerio y hasta su caballo.

 

Yo me recibí de maestra y me vine a Buenos Aires a estudiar Letras. El se fue trasladado a otro lugar o a buscar nuevos horizontes. ¿Quién lo sabía?

Durante mucho tiempo busqué en las librerías y en revistas literarias, alguna referencia sobre Julio Denis. Pero no encontré nada.

¿Qué habría sido de él? Tal vez no era tan buen escritor como sus alumnas lo habíamos idealizado.

 

Pasaron muchos años. Una amiga un día me trajo de regalo un libro. Cuando lo abrí, en la contratapa, más viejo, con más entradas en su cabeza, con anteojos y una pipa en sus labios estaba él: Julio Denis. Cuando leí el nombre del autor inmediatamente me di cuenta porque me había sido difícil encontrarlo. Su nombre era Julio pero el apellido era Cortazar.

Fue leerlo y sentir que tenía que volver al pueblo.

Pedí licencia en mi trabajo. Quería ver nuevamente la Escuela Normal, que no solo me traía recuerdos de él sino también de mi adolescencia. Recorrer la Plaza España, testigo mudo de nuestras charlas juveniles. Caminar nuevamente por sus senderos que habíamos recorrido junto al profesor que tanto admirábamos.

 

Estoy llegando a Chivilcoy. Bajo del micro y voy directamente a ver la Escuela. Es el atardecer y por lo tanto no puedo entrar, pero su fachada se conserva tan señorial como antes. Ya casi se apagan las últimas luces del día. Cruzo a la Plaza; está un poco descuidada. De pronto, en un banco debajo de una glorieta está él como lo había visto la última vez. Joven, buen mozo, con su cigarrillo en los labios y con unos libros y cuadernos entre sus manos.

Me detuve para contemplarlo.

Está conversando con un joven vestido de verde, que sostiene una bicicleta también color verde.

Me acerco despacio, llena de emoción. Quiero contarle quien soy, el tiempo que lo estuve buscando para saber algo de él.

Ahora estoy cerca y lo puedo ver bien,…. no es joven… se parece a la foto del libro. Su acompañante tampoco es joven, es un personaje excéntrico como aquel que recorría las calles del pueblo cuando yo era adolescente; el loco lindo al que todos queríamos ver pasar.

El se para y abrazando al viejo siento que le dice: usted sabe que yo lo admiro ya que en algún sentido nos parecemos. Usted es un Cronopio más, tal vez el primero.

Cuando quiero acercarme a ellos se pierden entre los árboles de la Plaza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por lobogabriel - 1 de Mayo, 2008, 16:39, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

rolando revagliatti, argentina

Redactor

  

El chico que no habla es el hijo único de su fallecida única hija, y de su también fallecido yerno. Lo crió ella, viuda, al chico que no habla, su nieto. Es el chico que no habla quien redacta el breve texto que se inicia con: “El chico que no habla es el hijo único de su fallecida...”

 

Por lobogabriel - 1 de Mayo, 2008, 16:30, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Joan Mateu, España

La onceava nota

Antonio Salieri  fue el Compositor y Maestro de capilla de la  Corte Imperial de Viena. Tuvo como alumnos a futuros músicos destinados a ser famosos: Beethoven, Schubert,  Liszt, Czerny y Hummel entre otros.
A pesar de no ser cierto, se ha publicitado que Salieri sentía una gran animadversión contra Wolfgang Amadeus Mozart. Incluso en el cine se ha promocionado la idea que competir con él fue uno de los infiernos que vivió el compositor oficial de la corte.
Para poner en evidencia al genial compositor y concertista, Salieri compuso una pieza en la que en uno de los pasajes aparecían once notas que debían tocarse a la vez. Esta pieza se la entregó a Mozart, en presencia de toda la corte, para que la tocara en aquel mismo momento. Mozart, no se inmutó y cuando llegó el momento tocó esta onceaba nota con la nariz.
Este ejemplo es el que ponen en la Escuela de Informática para Personas sin Manos, con el fin de que tengan soluciones a la hora de hacer un "Reset
A pesar de no ser cierto, se ha publicitado que Salieri sentía una gran animadversión contra Wolfgang Amadeus Mozart. Incluso en el cine se ha promocionado la idea que competir con él fue uno de los infiernos que vivió el compositor oficial de la corte.
Para poner en evidencia al genial compositor y concertista, Salieri compuso una pieza en la que en uno de los pasajes aparecían once notas que debían tocarse a la vez. Esta pieza se la entregó a Mozart, en presencia de toda la corte, para que la tocara en aquel mismo momento. Mozart, no se inmutó y cuando llegó el momento tocó esta onceaba nota con la nariz.
Este ejemplo es el que ponen en la Escuela de Informática para Personas sin Manos, con el fin de que tengan soluciones a la hora de hacer un "Reset

Por lobogabriel - 25 de Abril, 2008, 14:52, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

ronald monte, brasil

Às vezes dá certo

É difícil dar certo. Homem e mulher raramente dão certo. Chego a pensar que vivemos com o par de uma outra espécie animal. Como se na hora de fechar a porta da arca, o orangotango macho ficasse vendo a cobrança de pênalti do seu time no último minuto da prorrogação e a fêmea do chipanzé estivesse em dúvida sobre o que usar no primeiro dia da viagem. Sem poder esperar mais, Noé considerou como casal os dois representantes das espécies parecidas e levantou âncora. Algo assim aconteceu com o homem e a mulher. Senão, porque cada um dos gêneros tem um nome diferente?

Daí a estranheza entre os casais dos ditos humanos. Nenhum dos dois se comporta segundo as expectativas do outro. A questão sobre as tampas das bacias sanitárias é uma das melhores provas da nossa incompatibilidade. A diferença entre as capacidades de perceber as nuances das cores é uma demonstração cabal de que não temos uma origem comum.

É este desencontro pré-diluviano que provoca a necessidade de homens e mulheres se reunir em separado. Você já viu um bando de tatus ficar no bar até tarde discutindo futebol? Já teve notícias de três ou quatro jaguatiricas tagarelando no banheiro?

Cada homem e mulher carrega uma certa nostalgia pela ausência do verdadeiro par. Por isso gostamos tanto de animais de outra espécie. Talvez adivinhemos neles alguns traços do objeto perdido.

Sei que esta hipótese sobre o desencontro originário carece ainda de respaldo científico. Mas não é coisa difícil de provar. Homem e mulher estão com o par da espécie errada. Mas às vezes dá certo. E é muito bom quando dá certo.

Visite meus blogs

blog-do-rona.blogspot.com

memoriadofogo.blogspot.com

Por lobogabriel - 14 de Abril, 2008, 9:02, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

joan mateu, españa

Cuenta la leyenda que un sultán Malayo, residente en lo que después fue Kuala Lumpur, manco de nacimiento y  llamado  Syed Sirajuddin Putra Jamalullail tenía como principal afición comer bocadillos que el mismo se preparaba. El secreto de esta habilidad, complicada en un hombre de su condición y limitaciones, se descubrió muchos años después de su muerte.

Caminaba un día el sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail por el parque de jardines simétricos de su palacio, cavilando en la manera de abrir el pan sin manos, para poder introducir dentro los componentes del bocadillo, cuando recordó uno de los cuentos de las “Mil y una Noches” que contaba Schehrazade al rey Schahriar: “Ali Babá y los 40 ladrones”. Uno de los pasajes más celebrados del cuento era el momento en que Alí Babá abría la cueva del tesoro con la frase: “Ábrete sésamo”.

El sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail pensó que si la frase servía para abrir cuevas moviendo rocas, podría usarse también para abrir panecillos. Después de tres días y tres noches gritando, suplicando, susurrando y murmurando lo de “Ábrete sésamo” a miles de panecillos, sin ningún éxito, pensó que alguna cosa le faltaba. Cayó en cuenta de lo obvio: se estaba dirigiendo al pan y tenía que dirigirse al sésamo. Inmediatamente ordenó hornear panecillos espolvoreando sésamo en la superficie y cuando intentó de nuevo abrirlos con el “Ábrete sésamo”, los panecillos se fueron abriendo mágicamente.

Desde entonces todos los panecillos de Kuala Lumpur llevan sésamo en la superficie y a partir de este momento, el sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail, abrió sus propios panecillos e hizo sus propios bocadillos. Hoy, los herederos del sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail son una de las mayores fortunas del mundo por haber exportado el descubrimiento de su antecesor alrededor del mundo en forma de franquicias.

Claro que para ello tuvieron que renunciar a hacerlo con su nombre, harto complicado para las civilizaciones de occidente y lo tradujeron literalmente al ingles. Ahora todo el mundo los conoce por Mc Donals. Ni que decir tiene que todos los panecillos de Mc Donals llevan sésamo en su superficie.

Por lobogabriel - 11 de Abril, 2008, 8:14, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

delfina acosta, paraguay

Desde muy niña, leía las manos.
Mi madre no se interesó por esa fantasía mía, pues era común en ella, tener la cabeza en otra parte, aún en los momentos de las tempestades familiares.
A mí la lectura de las manos me salía fácilmente, porque  no hacía sino clavar mis ojos en  los ojos de las personas y dar en el clavo.
Así pues, observando la mirada, los gestos, el tono de la voz al preguntar, por ejemplo, “¿cómo me irá en el amor?”, ya tenía la palabra floreada en la boca. A las señoritas que ponían toda su atención en mí,  como si  fuera, en ese instante, aquel ser humano que habría de sacar en claro  su destino, les decía  todo y nada a la vez, dentro de un lenguaje zalamero, y ellas asentían, varias veces,  con la cabeza, como si entendieran todo, para acabar preguntándome: “ ...Pero, ¿ él me quiere o no?”.
Dándome la importancia del caso, fruncía el ceño y aconsejaba: “Pues ahí está el caso. Él te querrá y bendecirá tu nombre, cuando consigas enamorarlo. Tienes que hacerte amar...”
- Es cierto - escuchaba decir.
Traía todo el futuro del mundo  con estas simplicidades de las que ellas no se percataban: “Pero no te desesperes. Ése chusco te va a adorar; está clarito que sí. Te querrá con locura, sin moderación, y  es muy probable que te proponga matrimonio. Pero... Pero tienes que ser más  coqueta; te vendría bien una gargantilla, unos aros colgantes, una blusa transparente, con más escote,  y mucho color en las mejillas...”.
- Cierto. Muy cierto es eso. ¿Y qué más? - quería saber alguna fulana.
- No quiero mentirte, sin embargo veo pintadito en las líneas de tu mano que hay..., no sé..., en fin,  veo  una mujer trigueña, quiero decir morocha, que está muy interesada en él - decía.
- Ah.... esa es fulana de tal. Ya me parecía que ella andaba a la pesca - me contestaba  sorprendida de mis dones, la fulana.
Y ahí terminaba la cosa. Y la mujer se iba hablando flores de agosto de mí, mientras juraba por Dios y por todos los santos  que yo era infalible.
Tenía yo ocho años.  En la noche de San Juan, mi madre me vistió como a una gitana, y me metió en una carpa roja. Una larga cola de gente se formó, esperando su turno, para consultar con la vidente Lunita roja.
Caía gente inocentona.
Una mujer de edad madura y de ojos muy tristes como ramas de higuera se acercó, con una expresión extraña, hasta mí.
Y le leí las líneas. Y le dije que se pintara los ojos todos los días, y que se frotara el cuello con ramos de jazmines, y que  cambiara la tela gris por la verde, y que ya su boca no hablara tristezas sino que cantara “Cielito lindo”.
Le recomendé que lo aguardara, que tuviera nomás un poco de paciencia, y otro poco de ilusión, porque  alguna vez él llegaría a su casa, con su traje blanco y su sombrero panameño, y pediría su mano, y le traería un regalo de esos que antes de abrirlos uno sabe que son preciosos, y le daría un beso en la boca.
 Se fue contenta. Todavía la recuerdo. Era feúcha, delgada y mal vestida  como una rama de limonero en otoño. Vivía hace tiempo enamorada de  un hombre, que según su  confesión, ya tenía dueña.
Pienso, mientras escribo este relato de mi niñez, que ella  está aguardando a ese señor que embrujó su corazón, reclinada sobre un sillón. Ahora deletreo mejor las líneas imaginarias de su mano derecha. Una sombra se hace a imagen  y semejanza de aquel hombre de traje blanco y sombrero panameño, y  esa sombra avanza - lentamente -  hacia ella, mientras la sombra de un caballo se inquieta, a metros de la puerta, en la vereda.
Ya no hay tristeza en los ojos de esa dama, sino, cómo decirlo, un brillo bonito de aguas saladas.

Por lobogabriel - 1 de Abril, 2008, 16:10, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Marcia Frazão - Brasil

Benedita enterrou muitas agulhas em muitos bonecos. "Raça desgraçada que não merecia viver", ela dizia, sibilando sons de uma boca sem dentes. Olhos postos nas alturas, em busca de um Deus que a compreendia como ninguém.
   "Deus que nada, menina! É Satanás que ela invoca a cada furo!", dizia Vera, a cozinheira, benzendo-se, respeitosa. Se era Deus ou o Diabo, eu nunca Soube e de nada adiantaria saber: as agulhas, as linhas e as tesouras, por artes sabe-se lá de quem, descumpriam os desígnios, celestes ou infernais, e em pouco tempo davam cabo do infeliz.
  Morte espetada, furada, cortada, amarrada com tal maestria que nem os doutores descobriam a causa. "Seu Osório morreu na noite passada. De nó nas tripas. Amanheceu de olhos esbugalhados, como se tivesse visto o Demo bem na hora de morrer!" disseram as empregadas do prédio ao comentarem a "misteriosa" morte do morador do segundo andar.
  O mistério não era assim tão misterioso. Benedita trabalhara na casa de Seu Osório e diziam as más (?) línguas que o homem a despedira sem pagar uma montanha de salários atrasados. "Menos um nesse mundo que não é de Deus nem do Diabo", Benedita comentou, indiferente, ao saber do falecimento. "Indiferença suspeita", Vera afirmou, sabedora do boneco, igualzinho ao falecido, que Benedita espetava todas as noites, no redondo sombrio da meia-noite.
   Se a morte se deu pelas agulhas enterradas na hora exata que a Mortíssima aceita a ajuda dos mortais, ou por coincidência despropositada, isso ficou entre Deus, o Diabo, a Mortíssima, e o atestado de óbito : sufocamento acidental; causa desconhecida, óbito ocorrido na zero hora. Exata.

Obs: dá uma passadinha no meu blog, plisssssssss. O endereço é www.marciarfrazao.blogspot.com 

Por lobogabriel - 20 de Marzo, 2008, 12:58, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

jesus pelaez

DE CÓMO EL CRISTO CAYÓ MALO, DEL TESTAMENTO QUE HIZO, Y  SU MUERTE                                             

                   Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios, hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres y como la de Cristo no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin, fuese por el propio tormento, por la melancolía que le causaba el verse vencido o por la disposición del cielo que así lo ordenaba.

Rogó Cristo a Dimas y Gestas que guardaran silencio y en el reposo y calma del dolor, quedóse dormido al instante, tan profundamente que su madre y la Magdalena, a los pies del madero, creyeron que se había de quedar en el sueño. Despertó al cabo y dando una gran voz, dijo:

- ¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres.

Estuvo atenta la Magdalena a sus razones, pareciéronle más concertadas que las que solía decirlas, a lo menos, en aquel tormento, y preguntóle:

- ¿Qué es lo que decís, señor, qué misericordias son éstas o qué pecados de los hombres?

- Las misericordias- respondió Cristo- son las que en este instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, nada impiden mis pecados. Yo ya tengo juicio libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia- Y alzando la vencida cabeza, se volvió a la multitud:

- ¡Dadme albricias, buenos señores, que ya no soy Cristo, rey de los Judíos, sino Jesús, hijo de José, carpintero de Belén! Ya conozco mi necedad y el peligro en que me ha puesto y que por misericordia de Dios, escarmentado en cabeza propia, aborrezco mis andanzas.

Cuando esto le oyeron decir, creyeron que alguna nueva locura le había tomado. Y el  jefe de la guardia, un centurión que conocía sus predicamentos, le dijo:

- Ahora, señor Cristo que habéis clamado la buena nueva con vuestra condena, ¿salís con esto? ¿Y ahora que habéis hecho pescadores de hombres, que por Oriente y Occidente llevarán la Palabra, queréis volver a vuestras tablas? Callaos, por vuestra vida y dejaos de cuentos.

- Los de hasta aquí- replicó Cristo- que han sido verdaderos en mi daño y se han de volver, con ayuda del cielo, en mi provecho, con  el arrepentimiento al que me entrego. Señores, siento llorar mi vida,  amenazada por la muerte en esta cruz… Ya llegó lejos la burla. Bajadme de estos maderos, sacadme estos clavos que hiérenme los miembros y esta ingrata corona de sal que araña mis sienes y volvedme a la tierra, de la que soy tan hijo como gustoso súbdito del César, al que naturalmente adoro.

Miráronse unos a otros, admirados de estas nuevas razones, hasta que, a una señal del centurión  mayor, dio Longinos un paso hacia el Cristo y alanceándole un costado, terminó por darle muerte.

 

(Basado en el Capítulo LXXIV y último,  II Parte de El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de La Mancha, de M. de Cervantes, a quien pido, muy humildemente, disculpas)

 

Por lobogabriel - 20 de Marzo, 2008, 9:18, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Juan Almendares

El cazador y el colibrí

El cazador limpiaba su   Winchester y con tono orgulloso decía "Donde
pongo el ojo, pongo la bala" El colibrí le respondía al dirigir su
mirada hacia las flores silvestres   "donde pongo mis ojos encuentro
la ternura del amor".

El  rifle brillaba, cuando el sol era más pleno. -¡Precisión!
¡Precisión! esa es la clave- expresaba el cazador; mientras
acariciaba el Winchester,  su pupila se centraba en la mira
telescópica  para calcular el momento y la distancia correcta del
disparo y no fallar en el objetivo.

Lo acompañaba su perro; a quien educó para ejercer la cacería. Le
llamaba el "furioso" por  ser eficiente en la captura de los animales
heridos y moribundos.

-Esta madrugada fue exitosa-, dijo con el aire soberbio de quien
vence al más débil. -Logré el disparo certero en el corazón del
venado-, quién se desplomó sin hacer ruido y sin lastimar la hierba.
"Me encantó, como antes de morir cerraba sus grandes ojos". Trazó un
círculo alrededor del orifico de entrada de la bala, en el pecho del
venado y delimitó en forma meticulosa el área anatómica del corazón.
Esta habilidad lo convirtió en profesor de la Escuela de Medicina
Veterinaria. Tomó una fotografía del trazado geométrico y con gran
júbilo manifestó: "¡Esta foto será parte del álbum histórico del arte
cinegético mundial!"

Mientras suspiraba, continuo su soliloquio,  su pecho silbaba. Estaba
ansioso; por lo cual descansó bajo la sombra del roble. Sin embargo,
continuaba diciendo: "no soy feliz y lo seré hasta que con este
Winchester pueda cazar al colibrí, en el curso de su vuelo; porque
así pasaré a la historia, como uno de los mejores cazadores".

En el curso de su monólogo se quedó casi dormido para entrar en un
estado de ensoñación. Su memoria remota, estaba más viva. Recordó que
cuando era niño lo llevaron a una cacería de peces mediante el uso de
la dinamita. Después de la explosión aparecieron flotando en las
aguas centenares de peces muertos con los ojos  arrancados de las
orbitas. Estos órganos eran como si fuesen testigos oculares
horrorizados  de aquella  masacre.

Su padre,  que era cazador,  le había enseñado, desde los doce años
de edad a matar los tijules por la negrura de su plumaje y a los
zorzales porque despertaban con su canto las mazorcas de maíz.
Luego recordó aquellas ferias,  con las ruedas luminosas de Chicago,
el tiro al blanco contra las figuras de  los patos en movimiento.
Acompaño a su padre, quien con sus amigos turistas, participaba con
frecuencia  en las matanzas de patos migratorios en la Costa Sur y en
las masacres de las  iguanas en los cerros,  cercanas a la Costa
Norte de Honduras.

Aprendió que la sala de su hogar debería estar adornada de cabezas de
venados y jabalíes disecados. Tenia un álbum de colores muertos;
producto de la caza  de las mariposas durante las practicas de
zoología en el colegio.

Su padre se lamentaba no haber estudiado medicina y graduarse de
cirujano; porque por medio de la cacería; desarrolló habilidad
quirúrgica, para localizar   donde penetró la bala, que órgano
perforó y cual fue el orificio de salida.

En el curso de este estado onírico aparecieron algunas imágenes de
aquellas películas que hacían gala del genocidio de elefantes, tigres
y jirafas durante el safari en África.

A los quince años asistió a la Escuela de Cacería y era la mascota
del club. Admiraba a su profesor, que  gritaba con entusiasmo:
¡Precisión! ¡Precisión!. En cierto momento, durante la clase; una
hermosa mariposa negra posó   en la pared y  fue  aplastada por la
mano del profesor;  quien al ser supersticioso creía que éste
insecto, era el  presagio de la muerte.

En  la Escuela de Cacería  le enseñaron  a disparar sin miedo; a
despojarse de todo sentimiento sobre la vida de los animales; a
manejar el rifle y la escopeta; a ser  preciso en los puntos
mortales, a tener espíritu de cuerpo solidario entre los cazadores,
a respetar las normas, el  código de cacería y a comprender que el
buen cazador es un buen soldado de guerra porque aprende a destruir
el objetivo sea animal o humano.

El canto de las guaras y las loras lo despertaron;  lagrimas  de
alegría suscitaron las memorias. Se limpió sus ojos y los lentes.  El
júbilo, sacudió su cuerpo; porque  a diez metros de distancia estaba
un colibrí que se movía continuamente de flor en flor.  Luego se dijo
así mismo: "esta vez no podre fallar porque tengo tan cerca de mi
este pajarillo." Su ser total se centró  en aquel  cuerpecito vivo de
colores haciendo caso omiso del entorno. Sin embargo estaba
nuevamente ansioso, sudaba a chorros  porque quería ser perfecto y no
errar el tiro.

Disparó y luego volvió a ver la mira telescópica y pudo notar que el
colibrí, se movía con naturalidad. La cólera, se apoderó de él;
sintió en su pecho, un intenso dolor detrás del esternón.  La
sensación   dolorosa se irradió, en el miembro superior izquierdo,
parte lateral interna del brazo, antebrazo y dedo meñique.

La debilidad lo obligó a dejar caer su rifle. Su cuerpo se desplomó;
pensó que había recibido un balazo en el corazón, no obstante  no
detecto orificio de bala ni sangre, ni señal alguna de que hubiese
sido herido. A poca distancia miró una hermosa mariposa negra que ya
no pudo aplastar con su mano.

El colibrí alzo su vuelo y manifestó: se pueden cazar mis lagrimas,
las gotas del rocío, el canto del tijul o del zorzal, los ojos de los
peces, al ser humano,  la cultura  de un pueblo, el planeta tierra o
cazar las estrellas con la guerra de las galaxias; pero jamás  se
podrá cazar el libre vuelo de la imaginación poética  del movimiento
por la unidad  de la   naturaleza y  la humanidad cuyo fundamento es
el amor a la vida.

Por lobogabriel - 11 de Marzo, 2008, 17:24, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

silvio hoffman, argentina

LA  RISA!
Por Silvio Hoffman


-No te rías, no le veo la gracia.
-Yo tampoco, pero me da ganas de reír…
-Contame, ¿qué te pasa?
-Mirá, cuando tengo algún problema, recibo una mala noticia, me vienen ganas de reír.
-¿Eso es todo?, a mí las cosas tristes o feas me dan ganas de llorar…
-¿Y eso te ayuda en algo?
-Es una forma de decir, en realidad solo me ponen triste, pero lloraría con gusto
-Será algo negativo de tu carácter, a mí todo lo contrario, lo que me pasa es…
-¿No será que en tu vida ha sido  todo feliz?
-Estás equivocado, la pasé tan mal como vos.
-No se por qué, reír sin motivo me parece raro, fuera de lugar, como una locura
-Sí, ya se, como hablar sola en la calle, como las que lo hacen sin el teléfono celular…
-Bueno, uno piensa que se están desahogando, que no tienen con quien hablar.
-A mi, reír me hace bien, se me abren grandes los ojos, parece que llego a todo el mundo, me miran, se alegran como yo…
-Pero, ¿largás la carcajada, levantás los brazos al cielo?
-Nada de eso, río casi callada, no hago ningún teatro…
-Bueno; sí, reconozco que tu sonrisa es una señal que me anima. Además,  te veo entonces más linda que nunca…
-Ya sabía que me ibas a decir eso…

Marcelina y Elías conversan en la estación del ferrocarril. Esperan el tren.

-Me di cuenta que el rostro alegre es bien recibido, me abre las puertas, las posibilidades, aunque te confieso que no lo muestro a propósito, para conseguir algo, me sale así, mirame…

Estira las comisuras de los labios, levanta los párpados, hace un gesto con las manos.

-¿Te gusta?, ¿me podes imitar?
-Es fácil, ¿así?...pero lo principal es sentirlo por dentro.
-Es verdad. Sentir una alegría natural, sin pretensiones…
-¿Vos sentís esa alegría interior?, ¿esa especie de felicidad?
-Un sentimiento grande, mucho aire en el pecho…
-¿Qué más Marcel?
-Ganas de abrazar al que está delante  mío, al que recuerdo y está lejos, no se…
-Estás hablando de amor.
-Sí; al fin llegamos a que la risa es llegar a los demás, amarlos…

Ha llegado el tren. Marcelina y Eliás, se miran sonriendo y suben abrazados. 

Por lobogabriel - 10 de Marzo, 2008, 9:00, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Silvio Hoffman, Argentina

¿Vos podrás llegar a la Z ?
        Querida Marcelina, te escribo desde el bar de la esquina de tu casa. Toqué el timbre y no contestaba nadie. Decime, ¿hasta que letra del abecedario llegás en tu vida? Te pregunto porque Virginia Wolf en su novela “Al faro” que tengo junto a la tacita de café vacía escribe que “Son muy pocas las personas que, en toda Inglaterra, llegan alguna vez a Q.” Y después dice que “La Z sólo es alcanzada una vez por un hombre en cada generación.”  ¿Vos entendés lo que quiere decir Virginia? Creo que encuentra una nueva medida para valorar la calidad humana; fijate que luego agrega que “¿Después de todo, cuántos entre mil millones, llegan a Z ?”  Yo, Marcel, por la edad que tengo y lo que he vivido, habré llegado a la G. Todo, como te das cuenta es una fantasía, pero no se puede descartar el metro que nos propone tan alegremente la escritora. 

         Mientras muerdo la medialuna sigo leyendo y no puedo con la tentación de seguir escribiendo la carta  que, al fin, te la voy a dar en la mano. Te dije recién que solo uno en cada generación llegará a la Z, y aclara después que “¿Se le puede culpar por no ser ese uno, con tal  de que se haya esforzado honestamente, de que haya dado todo lo que estaba en su poder, hasta no quedarle nada por ofrecer?”  Y, fijate Marcel, con que seguridad aclara las consecuencias: “¿Y cuánto dura su fama? Incluso a un héroe moribundo le está permitido pensar, antes de extinguirse, en lo que dirán de él las generaciones futuras. Quizá su fama dure dos mil años. ¿Y que son dos mil años?” Insisto en que Virginia Wolf pone el dedo en la llaga de nuestra vanidad, ¿te parece?, ¡qué relativa es la fama, las conquistas que creemos lograr en la corta vida! Quizá es un poco cruel cuando afirma “La piedra misma a la que se da una patada durará más que Shakespeare.”

         Te digo que me conformo con hallarme a la medida de la letra G.,  ¿vos andarás a la par mía? Bueno, soy generoso y te regalo la J o la L. Nunca fui ansioso por la fama, llegar primero…menos aun a la Z. Miro por la ventana, está lloviendo aun en pleno verano, ¿quién me va a juzgar, quién va a juzgar a la naturaleza y sus azares? Apenas vea que estás por abrir la puerta, cruzo corriendo, te abrazo, quizá me olvide  la carta en el bolsillo. Te quiero mucho. Elías. 

Por lobogabriel - 10 de Marzo, 2008, 8:28, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Luis Daniel Gutiérrez Espinoza, Peru

"El Hacedor de Sueños"
El Hombre se adentró en el desierto.
Cuarenta días y cuarenta noches sereno y firme ahí se mantuvo. Sin pan ni agua ni abrigo, firme y sereno se mantuvo.
El Adverso, esencia de todo mal, se atrevió a tentarlo. Tres veces lo tentó, tres veces lo aduló, tres veces lo desafió.
El Hombre, esencia de todo bien, se afirmó al rechazarlo. Tres veces lo rechazó, tres veces lo despreció, tres veces lo venció.
Así el bien triunfó sobre el mal, por los siglos de los siglos.
A la mañana del día cuarenta y uno, el Hombre abandonó el desierto. Ansiosos sus discípulos lo esperaban. Transfigurado, les dijo: No temaís seguirme, no temáis caer, no temaís levantaros, solo temed negarme y derrotaros a vosotros mismos, solo temed miraros vuestro ombligo u endiosaros o bifurcaros, solo temed ilustraros y falsearme... id entonces y esparcid la buena nueva.
Así pues, todas las gentes orando, creyendo, orando, aprendieron a soñar con el paraíso... aquí en la tierra.
Del libro de cuentos "Historias de Tierra Firme"

Por lobogabriel - 7 de Marzo, 2008, 10:55, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Marcia Frazão, Brasil

Ana, São Jorge Derreteu!
Ontem, quando acordei e vi São Jorge derretido no chão da sala, afogado em um mar de açúcar, desconfiei que podia ser algum sinal. Bem verdade que quando o ganhei de presente de Ana Durães, ela me aconselhou a comê-lo ao invés de guardá-lo. "Vai derreter, " ela disse.
    Mas quem, em sã consciência, comeria um santo? Por mais que os músculos dele saltassem da armadura de ferro, por mais que aqueles olhos azuis provocassem terremotos e arrepios na carne, santo é santo! Comer São Jorge? Nem morta!
    Face à minha determinação, Ana, formada e diplomada nas artes dos santos, sugeriu uma camada de verniz. "De repente, impermeabiliza", ela disse.
    A princípio, a solução pareceu acertada. Mas quantas camadas seriam necessárias? Certamente muitas, se ele não fosse santo e fosse homem, mas santo, sem nenhuma nódoa para esconder e nenhuma vaidade para exibir, é uma outra história. Não havia pincel no mundo que deslizasse um quase tico de verniz desnecessário.
    Não sei se pelos muitos copos de vinho ou pela euforia de estarmos reunidos - eu, Ronaldo, Ana, André Mux, Adriana Reis e Allison - a degustação do santo foi esquecida. De cima da mesa São Jorge nos espiava com olhar pidão, e Adriana jurou ter visto umas gotas vermelhas escorrerem do canto da boca dele. Se fosse em outro contexto, numa ocasião mais sóbria, todos nós admitiríamos o milagre, mas já estávamos na sexta (ou seria oitava?) garrafa de vinho, com os pés enfiados na região onde milagre é ficar sóbrio, e deixamos Jorge quieto no seu canto. 
    Melado, caramelado, desengonçado na sela do seu cavalo branco, o santo brandia a lança sem o mesmo ímpeto de antes. "São Jorge está bêbado. É melhor comê-lo", disse Adriana sem um mínimo pudor. 
    Receosos de recairmos em pecado mortal, não nos aproveitamos da santíssima embriaguez e Jorge ficou na mesa, chapado. Depois que todos foram embora o carreguei para o altar. E lá ele dormiu por alguns meses, até que Gilda Brasileiro, minha amiga química, filha de Iroko e Oxum, me aconselhou a servir cerveja para ele. "Mas só serve em copo de prata", ela recomendou.
    Durante um ano ele se entupiu de cerveja, até que ontem, por coma alcoólica ou mistério que só os santos conhecem, São Jorge derreteu. Escafedeu-se sem deixar nenhum bilhete, deixando no ar uma sinistra pergunta: teria sido melhor comê-lo?

Por lobogabriel - 7 de Marzo, 2008, 10:53, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

adrian escudero, argentina

Harry

A la serena crueldad del homo sapiens…Acongojado.

Escuchen, La Historia de este Harry no es precisamente la de inglés Potter, el joven mago de Howarts que despertó desde sus tierras de elfos, dragones y dementores, la imaginación de un incontable universo de niños, que después fueron jóvenes y hoy quizá adultos, y de adultos hoy quizás más adultos que entonces… Porque de Potter se aprendió mucho sobre eso de la amistad, la valentía y el amor sin medida o como estatura del dolor ofrendado por el bien del otro…

 

Harry le decíamos nosotros al más inútil de la barra, eso sí, porque no sólo ostentaba sus años y esos horribles anteojos que el dibujante le calzaba a Potter en cada tapa de su libro de aspirante a hechicero –y a despecho de la figura elegante y dulce que prefirió su casting para las versiones cinematográficas de sus alucinantes aventuras-, sino que compartía toda esa facha de pibe mojigato, cortado también en la frente –como el inglesito- pero no a causa de un rayo mortal del Señor de las Tinieblas, sino por de la certeza bien real de una flecha lanzada por un arco casero, de vereda a vereda, por el líder de la otra banda de secuaces escolares, con las que compartíamos territorio y desmanes.

 

La respuesta no se hizo esperar de nuestra parte, e ideamos lo que después sería –a la distancia y con el pelo cano- la más atrevida de las venganzas contra Groucho y sus idiotas útiles… ¡Ya verían, si de hacer daño se trataba! No habría Otra Vez para el desgraciado correntino, escapado de las fazendas brasileras y aterrizado por el hambre en nuestro abundoso litoral santafesino.

 

Hubo un juramento de odio previo hecho con sangre de navaja nueva, muñeca con muñeca, entre los trece muchachos que, ocultos en la Caseta Siguiente al refugio del guardabarreras, culminara con la macabra ceremonia de descuartizar, pieza por pieza, al Caballo Balancín que estúpidamente acompañaba su trabajo de sereno de ferrocarril por la mañana, y de encargado de la Estación de Pesaje de mercaderías en los depósitos de la Central del Mitre…

 

“Todos nos estamos muriendo”, me dijo La Voz en la Noche. Y eso me bastó para aspirar el último aroma a poxipol que guardaba en los bolsillos, hasta que Los Visitantes del Otoño vinieran a encumbrarme con la masa blanca El Deseo de dominio absoluto, aunque más no fuera, de Un Fragmento de la Realidad que odiaba y, al mismo tiempo, deseaba conquistar… Y que ellos me habían enseñado cómo: a tiros y cuchillazos, a sienes partidas y cuellos seccionados por la yugular… Con cada entrada al reformatorio, más odio y más deseo de venganza… ¡Pobre Groucho! ¡No sabía con quién se había metido el infeliz!

 

La Sábana a los Pies de la Cama fue arrojada de un puntapié por la ira de conquistador que me abrasaba. ¡El Groucho y sus guachos jodidos estaban muertos! ¡Muertos! Al pibe Harry nadie lo tocaba, excepto nosotros. Del pibe Harry nadie se burlaba, excepto nosotros. Nosotros que, como a Rómulo y Remo, lo habíamos salvado y alimentado a escondidas de la pérfida bruja de su madre abortista, “La Esposa del General”, de “El Hombre que Amó”, del fiolo traidor y asqueroso de barrio Alfonso y alrededores, siempre listo a La Coartada de un Amante…; y que hasta aprendimos a cambiarle los pañales y hacerle y darle la mamadera al pobre gurí… ¡Qué alma de madre nos da Dios a los que nada somos ni tenemos, ¡la pucha!!! Pero vamos al grano. Ya Firulete me dijo que con Tres Cuentos Aleccionadores lo habían calmado al pobre Harry que todavía gemía susurrando de dolor. A la sangre se la pararon con un tapón de botella que estaba tirado en el suelo de la Caseta. Después, cuando se nos calmara la rabia, alguien lo iba a llevar al Hospital Piloto de la ciudad ¡Qué boquete le dejaron en el frontis al pibe! Harry No es Nuestro Hermano, pero en la banda era como si lo fuéramos, y La Mano que Ayuda no falta… Y su venganza artera tampoco. Claro que si el cura Bueno se entera de lo que vamos a hacer, de seguro que no nos invita más a tomar arroz con leche en la capilla San Lorenzo, y terminamos todos presos por…

 

Ahora, hay un Cambio en el Mar y El Río Estigia Fluye Corriente Arriba y no importa la Descripción de Ciertas Extrañas Perturbaciones que se Produjeron en Aungier Street, en los dominios del mítico Dublin… Doy una nueva patada al bollo de sábanas, abandono la película negra que veía y apago el maldito televisor en blanco y negro, y observo en el espejo de mi cuarto mi cuerpo y estampa como la de un Ébano Absoluto e indestructible…

 

El Deseo está claro. Groucho debe sufrir, y hasta morir si resulta necesario… En Harry cada uno de nosotros veía lo peor: el abandono y las humillaciones constantes de una sociedad perversa que no da ni oportunidades ni revanchas… Alguien me dirá: che, mirá que el Groucho es otra víctima como ustedes también… Por eso mismo, carajo, ¡que entre mosquitos nos pongamos espirales! No, lo que le hicieron al Harry no se lo vamos a perdonar. El médico que lo atendió ha dicho que la herida se le ha infectado gravemente y la cara del Harry está irreconocible. Que tiene que punzarlo y no sé qué otras cosas más, porque si alguna porquería se le va por la sangre al corazón o al cerebro, ¡fuiste!

 

La Ciénaga del Salado y el Vertedero de Basuras cercano a sus orillas parecía el lugar ideal para hacer funcionar el Carrusel de la Muerte. La Balsa nos acercaría para prepararle la trampa, y hasta el Quinto Fragmento de su alma pediría misericordia luego de que, cada uno de nosotros, en ronda, le fuéramos cortando un pedacito de ropa, primero, y luego de carne; de carne de cabeza con cabellos, de carne de cabeza sin cabellos, de carne de cuello, de carne de hombros y brazos, de carne de torso y caderas, de carne de piernas y pies, y luego, de hueso de cabeza con cabellos, de hueso de cabeza sin cabellos, de hueso de esqueleto de cuello, de hueso de esqueleto de hombros y brazos, de hueso de esqueleto de torso y caderas, de hueso de esqueleto de piernas y pies, y luego, todo mezclado y sazonado con bosta de caballo y caca de perro, sumergido de a poco, de a gruesos goteros en el remolino cenagoso del País de Nunca Jamás…

Después, con el tiempo, el hecho de que nadie hubiera descubierto nuestro crimen perfecto, habría sido nuestra máxima condena; porque ahora, repitió La Voz en la Noche, “todos nos estamos muriendo” y nadie puede darnos un poco de consuelo…

Por lobogabriel - 26 de Febrero, 2008, 18:15, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Francisco Garzón Céspedes, Cuba

LA INDAGACIÓN / CUENTO ENIGMÁTICO

El narrador oral reinventa por primera vez un cuento donde un hombre llora encima de una taza de café. Y el narrador se pregunta: “Cuando el hombre al beber café caliente llora sobre la taza, ¿lo hace porque el humo le irrita los ojos?; ¿lo hace para contemplarse, con mayor nitidez, al aclararlo?; ¿o lo hace con el inconfesado propósito de beberse las lágrimas?”.


Por lobogabriel - 23 de Febrero, 2008, 8:46, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Francisco Garzón Céspedes, Cuba

LA CREACIÓN / EL CUENTO DEL DRAGÓN QUE SUEÑO

Nunca he padecido de insomnio. Tampoco ahora. Se trata de que no debo dormirme. El dragón del cuento me espera en ese persistente sueño inacabado que cada noche suma nuevos sucesos. La primera vez que lo soñé era una imagen lejana, difusa. Pero una tras otra se ha acercado. Anoche desperté cuando la lengua de fuego del dragón que cuento casi me devora. Y lo que no puedo soportar es la certeza de que, al devorarme, devoraría la voz que lo reinventa.


en su Colección “Gaviotas de azogue” / 34, Febrero de 2008, Madrid, España.

Por lobogabriel - 23 de Febrero, 2008, 8:46, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Francisco Garzón Céspedes, Cuba

LA PAUSA Y LA REITERACIÓN

El narrador oral contaba con adultos un cuento sin edad, se acercaba al final y dijo: “Con tan mala suerte que los monos... los monos tiraron una cáscara de plátano, el elefante la pisó...”. Debía decir: “¡Y se cayó!”. Pero el día no era bueno: discusiones, lluvia y faringitis. Equivocándose exclamó: “¡Y desapareció!”. Con lo que el cuento perdía su sentido, porque el final era que el elefante al caerse comprobaba que no desaparecía, y levantándose respondía animoso a la duda de sus amigos. Cuando el narrador oral se equivocó afirmando: “¡Y desapareció!”, deseó que el proscenio se abriera y lo tragara. Deseó desaparecer. No podía traicionar al cuento, ni a sí mismo, ni al público, ni a aquel recinto, por escénico, sagrado, ni a la circunstancia amorosa, optimista. Hizo una pausa, y siempre mirando a los ojos de la gente, retrocedió hasta el centro del escenario y se detuvo, abrió y cerró los brazos, y con un énfasis de una tristeza lenta, reiteró: “...¡y desapareció!”. Hizo otra pausa, retrocedió hasta el fondo, mientras buscaba ansiosamente una solución y, en el momento en que su espalda tropezó con el mar negro de la cortina, de nuevo abrió y cerró los brazos, con mayor rapidez y amplitud, y con alegría reiteró: “¡y desapareció la cáscara de plátano bajo su enorme pata al caer! Y con su trompa verde se tocó cada una de las patas azules y estaban allí. Y el lomo rosado, y estaba allí. Y las orejas amarillas, y estaban allí. Y se levantó y otra vez comenzó a bailar. Y sus amigos le dijeron: Pero, Guy, ¿un elefante no ocupa mucho espacio y, si se cae, puede desaparecer?.Y él respondió: ¡Sí, un elefante ocupa mucho espacio y, si se cae, puede desaparecer; pero, si quiere, si quiere, si quiere también se puede levantar!”.

Por lobogabriel - 23 de Febrero, 2008, 8:45, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

Marcia Frazão - Brasil

O Fantasma de Chet Baker
Eu devia ter desconfiado quando de repente a bolacha negra surgiu do nada naquela velha loja de livros velhíssimos. O que faria uma bolacha negra no meio de poeira e traças, exibindo-se em balé de trinta e três rotações? Seria algum recado da cantora de blues que se mostrava, mostrava não, se insinuava, nas últimas frases da Náusea de Sartre? Mas Sartre já tinha morrido e os anjos já o tinham entupido de sal de andrews! Simone já estava ao seu lado e já tinham até alugado um conjugado no céu! Não, não era a cantora de jazz nem o estômago delicado do filósofo. A bolacha vinha de algum lugar do Além que ficava além de minha nauseada imaginação.
    Está certo, confesso, eu andava meio nauseada, meio desligada, tão meio desafinada que entrara na loja à cata de um livro qualquer de auto-ajuda  - pode rir, é pra rir mesmo - de qualquer livro de no máximo oitenta páginas burramente distribuídas em cento e oitenta parágrafos que dissessem absolutamente nada. Nada do ser e do nada nem de filosofias que me confirmassem que não há nada mais cruel que ter idéias na cabeça. Eu precisava de um tudo estofado como um sofá das Casas Bahia, de preferência em suaves prestações, comprado com um cartão de crédito que o livrinho certamente me ensinaria como obter...
    Foi no intervalo entre o desejo de me perder de "si" e me achar em "dó" de mim financiado pela Fininvest ou qualquer coisa que não valha que a bolacha rodopiou aos meus pés. Estiquei os olhos e lá estava Chet Baker, o fantasma que não era de Bakersville, mas uivava para a lua com um trumpete. Lá estava ele, saído do Nada da cantora da Náusea, do Uivo de Guinsberg e das estradas de Kerouac. Me olhou com aqueles olhos de belas heroínas e me chamou para dançar. Dançar?! Eu estava ali para encontrar o Graal da mediocridade em suaves prestações! Eu já tinha jogado fora todos os meus livros e os meus discos de jazz. Agora eu queria mais era jazer numa vida despreocupada, embalada por churrasco, cerveja e piadas idiotas. Eu queria aprender de cor todas as marcas de carros (parei no chevete), aparelhos eletrônicos e tralharias digitais. E lá me vinha Chet Baker numa hora dessas me chamar para dançar? Ele e sua heroína que continuassem a girar em trinta e três rotações. E que engolissem a agulha de diamante! Eu mesma já tinha jogado a vitrola fora...
    Mas por artes da heroína de Chet ou do ácido lisérgico que os anjos cismam em misturar ao ar dos poetas, a bolacha começou a tocar sozinha. O que fazer? Como não fugir de "si" no "sol" de tanta música? E foi naquele segundo em que Chet começou a tocar que desisti da mediocridade medíocre de vencer na vida com titica na cabeça e, uivando os primeiros versos do Uivo, coloquei fogo na prateleira dos livros de auto-ajuda. Levei Chet para casa e dançamos a noite toda ao som de My Funny Valentine.

Por lobogabriel - 17 de Febrero, 2008, 11:19, Categoría: cuento
Enlace Permanente | Comentar | Referencias (0)

analia pascaner, argentina

Se me vino en contra

 

¿No te digo? nooo, si es así la cosa, una se empeña en aprender, en hacer algo nuevo y se te viene en contra, encima lo que una dice te lo tiran como idea después, es así creeme lo que te digo porque es así. Vos cómo andás? mientras te voy contando ¿querés? ¿tenés un ratito? ¿si? bueno te cuento entonces. Ja… cuando lo sepas me vas a dar la razón. El otro día sentaditas las dos, charlando de bueyes arados, no… bueyes arados no, bueyes cansados bueyes sueltos… ¿o bueyes que no se dan cornadas? ¿cómo es? bueno no tiene importancia no viene al caso, sigo, el otro día hablando de bueyes (así, bueyes a secas) le pregunté si es difícil escribir un cuento porque ella es profesora de lenguaje baaah de lengua como le llaman ahora, “v-v-vos querés e-escribir?” (me miró de raaaro creeme) “sí ¡yo! te animás a enseñarme porque un poco que me aburro viste?”, “b-bueno podríamos intentarlo, mirá que tenés mucho trabajo por hacer, no es escribir algo y se terminó, ahí recién empieza el trabajo y muy pero muy en serio”, y ya no me gustó nada de nada te aseguro, ya estaba totalmente arrepentida por tirarle la idea y me preguntó “¿estás segura que querés?”, “yyy… seee…”, yo ya no quería, creeme que ya no quería por nada te aseguro, “dale ¡animate! escribir y trabajar de-ver-dad, a-cum-plir con las tareas”, “yyy… bueeeh…” ('ta que me enredé sola ¿viste?). Bueno sigo, la cosa es que pasaron los días y yo me digo ésssta se olvidó, menos mal que se olvidó totalmente porque no pasaba nada ¿viste? ni se acordaba y mirá que nos veíamos. Bueno en eso recibo un meil ¿¡un meil!? ¿podés creer? cuidado que por meil me lo manda a decir, ¿no podía mandar una carta o hacerme avisar con alguien? no sé… algo… ¿pero un meil? si gracias a que mi hijo me abre el internet una vez por semana no me cierran el meil, eso dice él qué sé yo. Bueno sigo, encima toma mis-propias-palabras, era un refrán que yo le dije el otro día ¿viste? en toda mi vida aprendí solamente tres refranes y se me ocurre decirle zapatero a tus zapatos y eso es lo que me manda a decir por meil, aaay… por meeeil… tenías que ver a mi hijo sorprendido: “mamaaá veniiiií mamaaá alguien se dignó a escribiiirte!!” y encima no entiendo porqué se reía tanto este chico, si hasta pensé que le pasaba algo grave por semejantes gritos, qué sé yo. Bueno sigo, y usa mis palabras mis-propias-palabras, bueno no son mis mis palabras pero se las dije yo, ni siquiera la idea se le ocurre a ella, creeme porque es así. Bueno sigo, la cosa es que me manda un meil (ja… un meil) y ahí me lo explica todo! bah… todo es una forma de decir ¿viste? porque de todo no tenía ni la mitad, pero claaaro ella es así, así como la ves no das cinco centavos pero te cuento que sabe un montón eh? en lugar de hablar normal, como una persona normal ¿viste? ahí nomás te mete el verboide y el adjetivo, el apócope y el adverbio, el gerundio y el sujeto (¡a mí que no me venga con otro sujeto que no sea mi esposo ¿viste?), entra a sacar libros de la biblioteca y ¡sabe en qué página abrirlos! creeme porque lo vi con estos ojos que te miran, que el regionalismo de ni sé dónde y encima, escuchá bien porque no lo vas a poder creer, encima me dice “claaaro vos no sabés regionalismos, te voy a prestar un libro”, aaay… qué susto… pero qué libro ni qué libro, me va a prestar un libro mirala vos, eso sí, te aseguro y te lo aseguro como que me llamo Antonia que si ésta me trae un libro de regionalismos yo le busco otro pero de regionalismos franceses ¡o peor! regionalismos alemanes ¡y ahí sí la quiero ver! se va a volver china, porque la flaca es mucho verboide y apócope, gerundio y adjetivo, adverbio y sujeto, pero la sacás de las letras escritas en castellano… y ja… ¡ahí vamos a ver qué sabe! Pero bueno la verdad es que no me quiero ir del tema ¿viste?, la cosa es que de acuerdo a lo que nos dijimos esa tarde hablando de bueyes (bueyes así, a secas) me viene a decir lo que yo le dije en ese momento: zapatero a tus zapatos, y ahora pretende que ponga la mente en funcionamiento, así textual me lo explicó y ¡por meil! creeme. ¿Por qué ponés esa cara? ¿que qué quiero decir? ella se refería a… Ay me puse mal ahora che, hablando de mente quien debería irse con la mente a otro lado soy yo. Uy… y vos no me contaste naaada, bueno otro día porque ahora debo poner la mente en remojo. Chau mi querida nos vemos en otro momentito y saludos a tu gente, me alegro de verte tan bien mmmm qué reseca tenés la piel en las mejillas, a ver… deberías hacer algo, no qued